¿Nuestro mediador?

¿En qué sentido es Cristo el mediador del pacto? No es como Moisés, que se interpuso entre Dios y el pueblo de Israel, “para mostrarles” la “palabra del Señor” (Deut. 5:5), para recibir la ley, los oráculos vivientes, y entregarlos al pueblo. Cristo es, en efecto, el revelador y proclamador de la mente y la voluntad de su Padre y el dispensador del pacto de gracia.

Cristo es un mediador de la reconciliación; como el que va entre dos partes con un desacuerdo para unirlas y de alguna manera u otra reconciliarlas entre sí. Dios es una parte, la parte ofendida, y el hombre es la otra, la parte ofensiva. Cristo es el mediador entre ambos para unirlos, que están a través del pecado a una distancia tan grande como la tierra y el cielo. Es como la escalera de Jacob que llega a ambos y los une y hace la paz entre ellos.

Este trabajo lo realiza no sólo a modo de súplica, ya que un hombre puede suplicar a otro que deje de lado su resentimiento contra un delincuente o como Moisés suplicó a Dios que perdonara a los israelitas. Por muy loable que sea que un hombre interceda ante otro, o ante Dios por un delincuente de esta manera, parece demasiado bajo y significa un oficio para Cristo, el Hijo de Dios, simplemente rogar a su Padre que deje de lado las marcas de su desagrado contra un pecador.

Por lo tanto, Cristo actúa como un mediador proponiendo a su Padre que satisfaga la ofensa cometida, y así apaciguar la justicia herida. Cristo es un mediador de la reconciliación en una forma de satisfacción. La reconciliación de esta manera es la gran obra de Cristo como mediador. Esto es lo que se propuso como un pacto y lo que él aceptó hacer, y por lo tanto se le llama el mediador del pacto.

Adaptado de A Body of Doctrinal Divinity , Libro 2, Capítulo 11, de Juan Gill.

Publicado originalmente el 22 de septiembre de 2010.

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