¿Por qué Jesús hizo milagros?

La familiaridad ha embotado nuestro asombro. Sabemos que el agua se convierte en vino, que Cristo camina sobre las olas, que los ciegos se empapan de nueva luz, que el viento obedece, e incluso que Lázaro vuelve a vivir. Comparada con la reacción de aquellos que vieron los milagros de Jesús de primera mano, nuestra respuesta es mucho más tibia. Algunos siguieron, otros gruñeron, otros condenaron, pero ninguno ignoró.

Para llegar a la razón por la que Jesús realizó sus milagros, necesitamos desenterrar las expectativas de aquellos que vivieron en ese tiempo. Desde nuestra perspectiva, sabemos quién decía ser Jesús, el Mesías y Dios con sandalias. Pero el pueblo del antiguo Israel no tenía un Nuevo Testamento para estudiar. Tenían el Antiguo Testamento, las enseñanzas de los respetados rabinos, y esperanza.

Jesús se metió en medio de su esperanza, la esperanza de estar libre de la opresión de la lejana Roma, con una afirmación audaz. Las profecías se cumplieron en Él. El Mesías había venido a atraer a la gente al Reino de Dios. Aunque no tenía una espada que pudieran ver, podían verle curando a sus amigos y parientes. Podían ver el poder de Dios moviéndose a través de las colinas. Habían leído acerca de los grandes milagros de Moisés y Josué, Daniel y Elías, pero verlos era otra cosa.

Los milagros en sí mismos no eran formas de que Jesús mostrara su poder, especialmente porque había renunciado a su antigua gloria para venir a la tierra y hacer la voluntad del Padre en el cielo. En su lugar, los milagros reivindicaban sus pretensiones sobre sí mismo y su enseñanza. Aunque no necesitaba hacer ningún milagro y se negó a hacerlo a petición, vinieron para que otros creyeran (Juan 10:37-38).

Con todas las curaciones y el control del tiempo, sin embargo, es fácil olvidar el mayor milagro que Jesús realizó. Estando muerto y en la tumba, Jesús recuperó su vida y entregó una confirmación de su reinado que nadie podía ignorar.

Leave a Comment!