¿Es importante la resurrección física de Jesús?

Mateo 28:1-10. El tema principal de estos versículos (Mateo 28:1-10) es la resurrección de nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos. Es una de esas verdades que yacen en la base misma del cristianismo y por lo tanto ha recibido especial atención en los cuatro relatos del evangelio. Los cuatro evangelistas describen minuciosamente cómo nuestro Señor fue crucificado. Los cuatro relatan con no menos claridad que Él resucitó.

No deberíamos preguntarnos si se le da tanta importancia a la resurrección de nuestro Señor. Es el sello y la piedra conmemorativa de la gran obra de redención, que Él vino a hacer. Es la prueba suprema de que Él ha pagado la deuda que se comprometió a pagar en nuestro nombre, ganó la batalla que luchó para librarnos del infierno, y es aceptado como nuestra garantía y nuestro sustituto por nuestro Padre en el cielo. Si nunca hubiera salido de la prisión de la tumba, ¿cómo podríamos estar seguros de que nuestro rescate había sido pagado en su totalidad (1 Corintios 15:17)? Si nunca se hubiera levantado de su conflicto con el último enemigo, ¿cómo podríamos habernos sentido seguros de que había vencido a la muerte, y al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo (Hebreos 2:14)? Pero gracias a Dios, no nos queda ninguna duda. El Señor Jesús realmente “resucitó para nuestra justificación”.

Tenemos razones para estar muy agradecidos de que esta maravillosa verdad de nuestra religión esté tan clara y completamente probada. Es una circunstancia sorprendente que de todos los hechos del ministerio terrenal del Señor, ninguno está tan incontrovertiblemente establecido como el hecho de que Él resucitó. La sabiduría de Dios, que conoce la incredulidad de la naturaleza humana, ha proporcionado una gran nube de testigos sobre el tema. Nunca hubo un hecho que los amigos de Dios fueran tan lentos para creer como la resurrección de Cristo. Nunca hubo un hecho que los enemigos de Dios estuvieran tan ansiosos por refutar. Y aún así, a pesar de la incredulidad de los amigos profesos, y la enemistad de los enemigos, el hecho fue completamente establecido. Sus evidencias siempre parecerán incontestables a una mente justa e imparcial. Sería imposible probar nada en el mundo, si nos negamos a creer que Jesús resucitó.

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