¿El regalo perfecto en un pesebre?

Cuando eres un niño, la Navidad se trata de recibir regalos. En diciembre, tu cabeza está nadando con nada más que imágenes de tus juguetes favoritos.

Pero el verdadero mensaje de la Navidad no son los regalos que nos damos unos a otros. El verdadero significado es el regalo que Dios nos dio, su Hijo Jesucristo.

La primera cosa que queremos darnos cuenta del regalo de Dios para nosotros es que vino en un simple envoltorio. Algunas personas se esfuerzan mucho por envolver los regalos de manera hermosa. Pero el regalo de Dios no nos llegó en un hermoso y ornamentado envoltorio, sino en un sucio pesebre encontrado en una fría cueva en un pueblo poco conocido llamado Belén.

Esa es la belleza del evento de Navidad. Jesús tomó su lugar en un pesebre para que pudiéramos tener un hogar en el cielo. El Salvador no fue envuelto en sábanas de satén, sino en trapos comunes. Allí, en un pesebre, descansaba el mayor regalo en el más sencillo de los envoltorios.

La segunda cosa que quiero señalar sobre el regalo de Dios para nosotros es que no lo merecemos. Considere esto: Dios nos dio el último regalo de su Hijo Jesucristo mientras aún pecábamos contra Él (ver Romanos 5:8).

No hicimos nada en absoluto para merecer su regalo. Esa es la asombrosa verdad de la Navidad. A pesar de lo que somos, Dios envió a su Hijo para que “todo aquel que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

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