¿El poder explosivo de Pentecostés?

“Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, y en toda Judea y Samaria, y hasta el fin de la tierra.” -Hechos 1:8

Cuando Alfred Nobel descubrió un elemento explosivo que era más fuerte que todo lo que el mundo había conocido en ese momento, pidió a un amigo y erudito griego una palabra que transmitiera el significado del poder explosivo. La palabra griega era dunamis, y Nobel nombró su invento “dinamita”.

Dunamis es la misma palabra que Jesús usó cuando dijo a sus discípulos, “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). En otras palabras, “Recibiréis un poder explosivo y dinamitero cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros”.

Piensa en cómo este poder transformó a los creyentes del primer siglo. Antes de Pentecostés, Simón Pedro no podía defénder su fé cuando unos extraños le preguntaron si era un seguidor de Jesús. Después de que el poder del Espíritu Santo fuera derramado en Pentecostés, Pedro se levantó y predicó audazmente el evangelio, resultando en 3.000 personas salvadas.

Después de que Saulo de Tarso se convirtió en un creyente en el camino de Damasco, Dios guió a Ananías a ir y rezar por él. Entonces fue lleno del Espíritu Santo, y desde ese momento, salió y proclamó a Cristo en las sinagogas.

Este poder es para un propósito. No es el poder de estar loco o el poder de hacer cosas raras. Es el poder de ser un testigo… el poder de tener el coraje de decirle a alguien sobre Jesucristo… el poder de decirle a la gente lo que Jesús ha hecho por ti.

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