¿Deberían los cristianos rezar a María?

Los cristianos siempre han estado fascinados e intrigados por la persona de María. Esto es completamente comprensible. El papel de María en los propósitos de Dios es diferente al de cualquier otra mujer, como ella misma lo reconoció. Fue su privilegio llevar al Hijo de Dios en su vientre, darlo a luz, amamantarlo y (con José) alimentarlo durante su infancia.

María es ciertamente digna de gran admiración. En esa época, estar soltera y embarazada era una cuestión de enorme vergüenza y a veces incluso de un fuerte castigo. Sin embargo, ella no era reacia a cumplir con su vocación especial. Su respuesta al anuncio del ángel fue regocijarse en la canción “Mi alma…” ¡Tiene que ser la madre de Dios! El suyo fue un privilegio único.

En una ocasión, durante el ministerio de Jesús, una mujer en una multitud le llamó,

“¡Bendita sea la madre que te dio a luz y te cuidó!” (Lucas 11:27).

Este sentimiento es comprensible. Qué bendición, seguramente, haber sido la madre de este hombre.

Pero por todo esto, está claro en los relatos evangélicos que la posición única de María no le dio de ninguna manera un acceso especial a Dios. En una ocasión, en una boda que se acababa de terminar el vino, Jesús pareció poner algo de distancia entre ambos.

Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen más vino”.

“Mujer, ¿por qué me involucras?”Jesús respondió.”Mi hora aún no ha llegado”. (Juan 2:3-4)

Puede ser que por su comentario María estaba presumiendo sobre su relación con Jesús de alguna manera, tal vez implicando algo de una pista interior con sus propósitos, o empujándolo a usar sus habilidades únicas para “hacer lo suyo”.

La respuesta de Jesús es sorprendente. Se refiere a ella de una manera un tanto formal y distante. Está claro que aunque ella es su madre, no tiene una posición privilegiada en lo que se refiere a su misión. A pesar de la singularidad de su papel, no tiene un acceso especial o una relación interna con Dios.

Esto se refuerza con la respuesta de Jesús a la mujer que lo llamó desde la multitud:

“¡Bendita sea la madre que te dio a luz y te cuidó!”

Jesús respondió: “Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen” (Lucas 11:27-28).

Una vez más, Jesús relativiza efectivamente el significado de María. La bendición que ella experimentó en virtud de ser la madre de Dios no es la mayor bendición que Dios tiene para ofrecer o que alguien puede recibir. Hay una bendición más grande que la de ser María: vivir en obediencia a la palabra de Dios. Esto, de hecho, marca a aquellos que Jesús considera como pertenecientes a su verdadera familia espiritual (Marcos 3:34-35).

Jesús dice que mejor que ser su madre es ser su seguidora. Mejor que tenerlo como hijo es tenerlo como maestro.

Leave a Comment!