¿De Moisés a Pentecostés?

En tiempos de Moisés, Dios estableció un festival para celebrar la cosecha de granos. El primer día de la fiesta se conoció como el Día de Pentecostés (Levítico 23:15-21). Después de que Jesús ascendiera al cielo, Dios reveló un nuevo significado espiritual para Pentecostés. Ese día llegó el Espíritu Santo prometido, y nació la iglesia de Jesucristo.

Mientras que los discípulos y otros habían sido seguidores de Jesús antes de esto, no había habido un “cuerpo de Cristo” al que pudieran pertenecer. En Pentecostés todo eso cambió. El Espíritu de Dios bautizó a los creyentes en el Señor Jesús, haciéndolos uno con Él (1 Corintios 12:13-14). Ahora tenían una nueva relación con el Señor: desde ese momento, el Espíritu Santo vivía la vida de Cristo a través de ellos, y ellos permanecían en Jesús a través de su Espíritu.

Qué diferencia hizo la presencia del Espíritu en sus vidas. Ya no eran hombres temerosos que huían, ni personas que velaban por sus propios intereses. Ahora se transformaron en un grupo cohesivo que “se dedicaban continuamente a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión, al partimiento del pan y a la oración”. Y todos los que habían creído estaban juntos y tenían todo en común” (Hechos 2:42-44).

Nuestro propio “día de Pentecostés” personal ocurre en la salvación, cuando somos habitados por el Espíritu Santo y bautizados en el cuerpo mundial de Cristo. La presencia del Espíritu se da permanentemente a todo el que cree, porque Él es la garantía de nuestra salvación. ¿Qué diferencia hace el Espíritu de Dios en tu vida?

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